
El optimismo es una actitud de fe, alegría, esperanza y de triunfo ante las acciones que las personas realizan diariamente en sus familias, en sus trabajos y en la convivencia diaria que tienen con sus semejantes.
Las dificultades, los tropiezos y las equivocaciones humanas son una parte inherente de nuestras vidas. Nuestra existencia -biológica, psicológica y social-, se manifiesta con luces y con sombras… Al caminar encontramos lugares preciosos con árboles frondosos y manantiales majestuosos de aguas cristalinas que nos reconfortan y nos dan los descansos merecidos, inundando nuestros corazones y nuestros espíritus con la paz, la alegría, la tranquilidad, la serenidad y la satisfacción humanas… Esos días son conservados en nuestras memorias como lapsos eternos y bellos que nunca queremos olvidar.
Sin embargo, la vida no es sólo alegría y belleza, sino que también es dolor, sufrimiento, pena, penumbra, soledad, caída, fracaso, incomprensión oscuridad… En el camino de nuestras vidas, encontramos también, las piedras filosas y cortantes que hieren a nuestros pies, a nuestras manos, a nuestros cuerpos, y a nuestras sensibilidades y espíritus; en varios momentos aparece el Sol ardiente que quema implacablemente nuestros rostros y observando a nuestro alrededor, encontramos solamente arbustos espinosos, al estar caminando nosotros en pisos abruptos, pedregosos, polvorientos, y de topografía difícil; sentimos, en varios momentos, que nuestras piernas flaquean, que nuestras espaldas llevan una carga pesada, que nuestra visión está llena de sombras, que nuestras gargantas se asfixian, que nuestro pensamiento es incoherente, que nuestros amigos nos han abandonado, que somos seres incomprendidos y que la soledad nos quiere aniquilar: son los días grises y a veces completamente oscuros de nuestras vidas.
¡Así es la vida! Ella está llena de luces y de sombras, de placeres y de displaceres, de alegrías y de tristezas, de amores y de odios, de amistades y de enemistades, de compañías y de soledades, de triunfos y de derrotas, de comprensiones y de incomprensiones…
Y, a pesar de todo ello, ¡NOSOTROS SOMOS LOS ARTÍFICES DE NUESTROS DESTINOS! No somos un capricho de los dioses, ni tampoco una casualidad de la sociedad humana, ya que nuestra razón, voluntad y sensibilidad humanas son capaces de crear y decidir el rumbo de nuestras existencias.
La actitud optimista posibilita que los lados oscuros de nuestras vidas no sean apreciados como algo negativo y destructivo sino como formas de crecimiento y de superación personales.
El optimismo permite encontrar agua en los desiertos y en zonas supuestamente estériles; amistades en todas las personas y de una manera especial en aquéllas que en un principio nos parecían antipáticas; amor en quienes odian con pasión; confianza en los que rechazan todo trato social.
El optimismo es una fuente energética de nuestro espíritu que funge como coraza protectora ante las adversidades y las dificultades que encontramos en la vida; esta energía al llegar a lo más profundo de nuestro corazón derrama fuerza, fe, tenacidad, entusiasmo, ganas de vivir, imaginación, esperanza y creatividad, invitándonos e impulsándonos a continuar en el camino y a conquistar las metas más preciadas que nos hemos trazado.
¡Sé optimista con y en tu vida! Y ten por seguro que llegarás al triunfo y a la satisfacción personal, rebasando los límites que te detenían, rompiendo las barreras que te separaban, llegando a las cimas más altas de todas tus empresas, conociendo países que ni te imaginabas que existían. No hagas caso a los comentarios pesimistas de aquéllos que llevan en sus corazones una gran carga de odio, pesadumbre, tristeza, desolación, insatisfacción, negatividad y frustración.
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