EL DERECHO A VIVIR FELICES.
FIL. CULTURAL: SALVADOR MURILLO LARA
La vida se presenta a cada ser humanos (hombre o mujer) como una gran oportunidad para vivir felices… o infelices.
La vida es un pequeño lapso de tiempo humano, desde que somos conscientes de ella, que transita a veces muy lentamente, y que en otras ocasiones se mueve con velocidades vertiginosas, hasta llegar un momento en que se va escurriendo de nuestras manos, resultando casi imposible de apresarla.
Los seres humanos somos seres únicos que co-existimos con el mundo natural ya que tenemos la capacidad y los medios de adquirir la conciencia de nuestras existencias y sujetar con nuestra voluntad y nuestro espíritu el timonel orientador de nuestras vidas terrestres.
Nosotros somos los únicos entes, que en este planeta Tierra, podemos crear la felicidad o la infelicidad de nuestras existencias terrenales, ya que somos los artífices de nuestros propios destinos.
La felicidad es el más grande y preciado de todos los tesoros humanos y se encuentra tan cercana a nosotros que a veces no nos es posible verla; tan próxima está en nuestras vidas, que sólo es cuestión de voltear hacia nuestra derecha, y ahí está desde el momento en que hemos nacido como seres conscientes y racionales, ahí está desde que nos hemos percatado de nuestras vidas y nos hemos dado cuenta que esta vida que tenemos es una enorme riqueza que hemos recibido de una manera totalmente gratuita.
Ella, la felicidad humana es el manantial de la vida, la que da sentidos plenos a las existencias, la que hace vibrar los corazones, la que alimenta el espíritu, la que nos hace ser creadores, la que nos da fuerzas inquebrantables para toda empresa, la que nos llena de optimismo y alegría, la que nos invita a continuar en el camino a pesar de que otros nos dicen que no sigamos adelante, la que nos llena de grandes satisfacciones por lo que hemos hecho inundando en nuestros corazones y en nuestros espíritus el bálsamo que cura todas las heridas y que nos invade de gran alegría.
La felicidad está ahí: en la entrada de casas; sólo es cuestión de que nos decidamos dejar la puerta totalmente abierta, para que ella como reina entre en nuestras vidas de manera majestuosa, tome posesión de nuestras existencias y sea la soberana que nos gobierne. Ella, la felicidad, espera sólo la oportunidad de que la dejemos pasar, de que tengamos una actitud humilde, para que dobleguemos nuestros egos ante su belleza, para que le rindamos tributo aniquilando nuestros falsos orgullos y dejemos que gobierne nuestras casas.
La felicidad no hace distinciones de ningún tipo: ni raciales, ni de género, ni económicas, ni ideológicas, ni religiosas, ni políticas, ni de edad… Ella es el don más valioso para la humanidad y se presenta para todo ser humano de cualquier lugar del mundo: sólo es cuestión de saberla encontrar y no dejarla partir nunca haciendo que ella sea la reina que gobierne nuestras vidas.
Cada uno de nosotros tenemos esa gran misión en nuestras vidas; misión individual, personal y única: encontrar nuestra felicidad y la de nuestros seres allegados, y cuando la hayamos encontrado es tarea nuestra no permitirle retirarse, sino dejarla que viva y gobierne en nuestras vidas. Sólo es cuestión de humildad y de sencillez, porque está tan cercana a nosotros, lo que sucede es que nuestras mentes pueden estar tan distraídas, que no nos percatemos de ella.
Todos nosotros debemos estar muy atentos para encontrar verdaderamente la felicidad, porque así como ella está a nuestra derecha, su contraparte, la infelicidad, se encuentra a nuestra izquierda, y de manera frecuente entra a nuestras vidas, vistiendo con falsos ropajes, haciendo pasar como si ella fuera la felicidad. La infelicidad es la fuente maligna de todas nuestras desgracias…
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