LA FUNCIÓN SOCIAL DEL PERIODISMO
FILÓSOFO DE LA CULTURA Salvador MURILLO LARA.
Un periódico es la publicación escrita que se presenta a una comunidad en períodos determinados de tiempo, mostrando informaciones de interés general o de conocimientos especializados. La periodicidad, de este tipo de informaciones, hace que éstas se clasifiquen en: mensuales, quincenales, semanarios, bisemanarios, interdiarios o diarios.
La invención de la imprenta, en el siglo XV tuvo una importancia fundamental para el futuro del periodismo, ya que dio origen a su organización técnica. La sociedad moderna, en la que vivimos, y el desarrollo de las democracias actuales ha propiciado que esta actividad informativa se profesionalice y se desarrolle de una manera más eficaz.
El periodismo satisface el anhelo de la información y de la comunicación que tienen los distintos grupos sociales que conforman las sociedades humanas. Los periódicos contienen una diversidad de informaciones, debido a que las sociedades humanas, en las que vivimos, son complejas. Los contenidos de éstos se pueden clasificar, por ello, en varias secciones: información local, noticias de carácter nacional e internacional; política local, nacional e internacional, deportes, sociales, sección editorial, policíacas, culturales, etc.
La actividad periodística tiene primordialmente una función social, ya que la sociedad es quien la hace nacer y desarrollarse; responde a la necesidad que ésta tiene de información, de comunicación y de transformación constantes. Las notas o informaciones periodísticas, por ello, deben reunir, entre otras, las características siguientes: objetividad, imparcialidad, veracidad, neutralidad, libertad, opinión, pluralidad ideológica, criticidad, sentido cívico y democrático y compromiso social. Este escrito tiene, entre otras finalidades, hacer una reflexión de estos aspectos primordiales.
1. Compromiso moral: objetividad, imparcialidad, veracidad y neutralidad periodísticas.
El periodista al informar a la sociedad sobre determinados hechos que han acontecido en ésta, tiene la obligación moral, -como resultado de su actividad profesional-, de mostrar esta información con un carácter objetivo; es decir, tiene el compromiso moral, de informar sobre los hechos tal y como han sucedido, con un sentido de imparcialidad, haciendo a un lado toda pretensión egoísta, personal o grupal, de una ideología en particular. La actitud periodística, ante los hechos acontecidos, debe ser de imparcialidad, con la única finalidad de que la sociedad conozca lo que está sucediendo, ya que el periodista se debe a ella.
Este profesionista de la comunicación verbal o escrita, cuando falsea la información, comete faltas graves contra la sociedad a la que le está informando, y contra sí mismo; por lo contrario, cuando informa con objetividad, imparcialidad y veracidad, le está siendo fiel al conglomerado humano que le pide le informe de lo que está sucediendo.
Ser objetivo en la actividad periodística significa considerar los hechos en sí mismos, de una manera desinteresada, desapasionada, impersonal, imparcial, neutral… Lo objetivo es aquello que se da independientemente de las ideologías particulares de cada uno de los sujetos. El periodista, debe tener siempre el valor ético, cívico, social y humano, para comunicar lo que realmente ha sucedido o está sucediendo. Sin embargo, ante esta objetividad, que debe ser una característica esencial de todas las notas periodísticas, está siempre latente la amenaza real o imaginaria de aquéllas personas y/o grupos sociales que ven en peligro sus intereses personales si estos hechos se conocen. Por ello, es obligación del Estado, salvaguardar la integridad física y/o moral de los periodistas, a través de leyes e instituciones que garanticen este tipo de actividad que es, propia de los regímenes democráticos.
Ser objetivo conlleva para el periodista, una actitud y una apreciación moral de imparcialidad, la cual es difícil llevar a cabo por este profesional de la comunicación, esto ante la presión de los intereses particulares de las clases sociales existentes en nuestra comunidad, que en muchas de las ocasiones, se presentan en una lucha antagónica e irreconciliable. Este profesionista, con un sentido ético, debe buscar, ante todo, el bien de la sociedad en su conjunto, con aspiraciones auténticamente democráticas; y por ello, se le presenta como una obligación moral, informar con objetividad lo que está sucediendo. Esta información objetiva, es, por tanto, imparcial, desinteresada, más allá de los intereses ideológicos particulares de las personas, grupos y clases sociales en cuestión. Lo que pretende el periodista presuntamente objetivo, con un compromiso eminentemente social y moral, es informar a la sociedad de lo que está realmente sucediendo, y que sea ésta, quien asuma con un sentido crítico su responsabilidad social para cambiar las cosas en beneficio de la colectividad.
La veracidad de la información periodística, es, ante todo, una obligación profesional y moral de quien realiza la nota, ya que éste tiene que hablar y decir la verdad de los hechos, -lo que es, lo que ha sucedido-. No es válido para el periodista, hablar y decir solamente su verdad, lo que él cree que es, a partir de su ideología o punto de vista particular. El conocimiento de la verdad de lo que ha acontecido o sucedido es un derecho fundamental de los ciudadanos en las sociedades democráticas; el falseamiento y el ocultamiento de lo que ha acontecido, no sólo debe considerarse como una falta grave de tipo social y jurídica, sino ante todo como una fala de tipo moral.
El ser objetivos, imparciales y veraces en el quehacer periodístico implica necesariamente una actitud neutral ajena a los intereses ideológicos y políticos de las distintas clases y grupos sociales que co-existen en la sociedad, buscando prioritariamente el bien común de ésta.
La neutralidad significa, ante todo, buscar el bien común, de la sociedad en su conjunto, sin estar a favor, de los intereses ideológicos, políticos, económicos, o de cualquier otra índole de algún individuo, grupo o clase social en particular.
2. La libertad, la opinión y la pluralidad ideológica.
La libertad es una prerrogativa individual y grupal, que tiene una importancia fundamental o primordial, para la buena armonía de los individuos de una comunidad y para el funcionamiento correcto de cualquier Estado.
La libertad, como status personal, emanado de los derechos naturales y humanos, responde a la dignidad humana, en la que los individuos, -hombres y/o mujeres-, no se encuentran de ninguna forma, prisioneros o bajo coacción, en sus derechos naturales, de ninguna forma socio-cultural: económica, política, jurídica, ideológica, religiosa, racial, de género, etc.
Ella, la libertad humana, se manifiesta en los distintos ámbitos de la convivencia humana: personal, familiar, laboral, social, política, de género,, ideológica, religiosa, de conciencia, etc., y, se hace una realidad concreta, a través de las instituciones que se originan de esta concepción, que la norman y la legitiman, tales como la familia, las instituciones de convivencia, las iglesias, las escuelas, los partidos políticos, los sindicatos, las instituciones de salud, los centros de rehabilitación social, el ejército, los medios masivos de difusión social, las instituciones de producción económica, las instituciones culturales, las instituciones recreativas y deportivas, las instituciones gubernamentales, etc. Estas instituciones reglamentadas bajo una normatividad, se desarrollan en distintos ámbitos espacio-temporales: locales, nacionales, internacionales.
La libertad, es un poder/hacer lo que no está prohibido en una sociedad; es un poder/obrar cada cual, bajo su arbitrio, libre y responsable; es un actuar como queremos o deseamos, siempre y cuando no exista una norma explícita y legal en la sociedad en la que vivimos que nos lo impida, estando circunscritos en un ámbito normativo jurídico y moral, con un sentido eminentemente social.
La libertad individual y/o grupal es la característica fundamental o prioritaria de los regímenes democráticos, en contraposición con los sistemas totalitarios, los que tienen otra concepción sobre el hombre y la sociedad. Estos primeros sistemas, los democráticos, se fundamentan en la creencia y en el respeto irrestricto de los derechos humanos, los que priorizan las libertades individuales.de las personas, sin importar la situación racial, económica, política, social, de género, ideológica, o de cualquier otra índole. Estos sistemas consideran que el respeto absoluto a los derechos humanos de todas las personas, en su libertad y en su dignidad humana es la base esencial de la prosperidad, en todos los sentidos, de las sociedades humanas.
El sistema democrático, sustentado en el respeto irrestricto de la dignidad y de la libertad de las personas, hecho realidad a través de instituciones, de todo tipo, acordes a ella, tiene el supuesto ideológico y filosófico, de que los individuos humanos no deben sujetarse de una manera total, absoluta e incuestionable a las políticas creadas por el Estado; sino que, por el contrario, este organismo político, debe, por su naturaleza, subordinarse, a la ciudadanía que representa, con un respeto irrestricto a los derechos fundamentales de las personas, y, de una manera muy especial, a la libertad y a la dignidad humanas. Y que esta ciudadanía, tiene el poder y el derecho de modificar políticas incorrectas creadas por la institución estatal.
Los sistemas totalitarios, con políticas absolutas e incuestionables, consideran, por el contrario, que el poder del Estado y de sus instituciones, debe responder solamente a los intereses propios y únicos de este régimen, sin importar, de manera alguna, las opiniones particulares, de los individuos que viven en la sociedad, y que las personas deben sujetarse, de manera total, a las políticas emanadas, desde el mismo Estado, que representa supuestamente, los intereses de la mayor parte de la población, de los sectores sociales más marginados, de las clases sociales más desprotegidas, etc..
Las personas, como entes individuales, en los regímenes totalitarios, no tienen absolutamente ninguna importancia ante el poder omnímodo que cumple el Estado con sus distintas agrupaciones políticas. El Estado Totalitario funge como la Verdad Absoluta e Incuestionable de todo el régimen socio-político, y, por ello, los individuos tienen una importancia secundaria o simplemente, no la tienen. La libertad de las personas, que políticamente son esclavos de ese sistema, es el anhelo que todos ellos aspiran o desean para sí mismos.
Estos sistemas se sostienen bajo regímenes de tipo militar encubiertos bajo un ropaje ideológico que representa supuestamente los intereses del “proletariado”, de los “pobres” o de las clases sociales más desprotegidas.
Los regímenes democráticos, con fines solamente individualistas, en aras de una supuesta libertad, pero sin ningún compromiso social, bajo un régimen económico eminentemente capitalista, buscan, ante todo, los intereses de las clases sociales poseedoras de la riqueza económica y de las que controlan el poder jurídico, político, religioso, ideológico y cultural, sólo teniendo como única finalidad intereses capitalistas. Los individuos, y de una manera muy particular, los menos favorecidos, que viven en este tipo de régimen, aún cuando gozan, indudablemente, de una libertad política, ideológica, religiosa y social, se ven constantemente afectados, por los intereses particulares y de lucro, de la clase social hegemónica de esa sociedad. Los individuos, en las sociedades capitalistas, si bien gozan de una supuesta libertad, que en los regímenes totalitarios no se tiene, se encuentran esclavizados, por las fuerzas de los grupos sociales que detentan el control económico, político, ideológico, social y militar.
Una ideología mercantilista y de lucro es la que predomina en este sistema capitalista, de intereses únicamente individualistas, haciendo que las relaciones entre las personas sean frías, inhumanas y meramente objetuales. El capital, el dinero, se convierte en es el poder absoluto e incuestionable, de este régimen económico, político y social, que no acepta ningún tipo de crítica, a partir de una perspectiva social y humana. El poder de la riqueza del capital, el dinero, se transforma en el único dios, adorado idolátricamente por la sociedad, dirigiendo tal veneración, la clase económica más poderosa, quien funge como sacerdocio de este culto.
El derecho a la libertad de expresión es un requisito fundamental del quehacer periodístico; no sólo debe estar garantizado a través de los preceptos constitucionales y de los ordenamientos jurídico-legales que de éstos se desprenden, sino que también deben existir las instituciones que den la garantía y la protección a las personas físicas que ejercen tan noble labor.
Los enemigos de la libertad de expresión están no sólo en los regímenes de los países totalitarios, sino que se muestran también en los países democráticos, esperando que las condiciones les favorezcan para lograr sus fines de autoritarismo, represión, censura, despotismo e intolerancia.
Las personas que apreciamos nuestra libertad, y de una manera muy particular, la libertad de conciencia, debemos estar alertas ante estos ataques a la libertad de expresión, conocer cuáles son las coyunturas que los favorecen, quiénes son nuestros enemigos, cuáles son sus intenciones y cuál es el ropaje ideológico con que se encubren.
Las sociedades modernas que existen en la actualidad están caracterizadas por ser multi-culturales y multi-étnicas, en donde ya no es posible justificar, bajo ninguna forma, la existencia de regímenes políticos monolíticos que coarten el derecho a la libertad de conciencia y a la libertad de expresión que tenemos todos los ciudadanos.
Esta libertad de conciencia y libertad de expresión, en una sociedad plural y diversa debe permitirnos expresar, en un ambiente de respeto y de legalidad, nuestras distintas opiniones.
El respeto total e irrestricto, a la libertad de expresión de las distintas opiniones, en un ambiente de legalidad, posibilita que conozcamos los distintos pareceres o maneras de pensar de las personas que conviven en la sociedad, de los distintos grupos sociales que co-existen, de los distintos partidos o grupos políticos, de las distintas etnias poblacionales, de las distintas culturas que comparten el mismo territorio nacional, de las distintas asociaciones religiosas, de las distintas concepciones periodísticas, etc.
El garantizar la protección a la libertad de expresión de las distintas opiniones nos permite conocer de mejor forma nuestra pluralidad ideológica y esto posibilita una transformación permanente de nuestras instituciones sociales, un perfeccionamiento continuo de conocimiento nuestro régimen democrático y una mejor solución a los problemas que nos aquejan.
3.- Criticidad, sentido cívico y democrático y compromiso social.
El periodismo debe ejercer una función crítico-social del sistema social en que se vive realizando de una manera permanente una revisión de todo aquello que está aconteciendo; por ello, su función no es sólo de informar objetivamente, con veracidad, a la sociedad a la que se debe, sino también de opinar, en base a la pluralidad ideológica, para tener distintas opciones de solución ante los problemas que nos aquejan.
La criticidad periodística, debe tener eminentemente un sentido cívico y democrático, ya que debemos tener un amor y un celo especial, a la Patria que nos ha dado origen e historia, independientemente de la solidaridad internacional que debemos tener con todos los países.
La educación, el fortalecimiento y el desarrollo de las virtudes cívicas, en los individuos son requisitos para la formación de ciudadanos excelentes, con un sentido auténticamente patriótico; por ello, la formación ciudadana es también una tarea fundamental del ejercicio periodístico, que funciona como un cuarto poder en los estados democráticos, que lejos de identificarse con el sistema socio-económico y político predominante hace una crítica social permanente de éste, posibilitando la transformación social, considerando siempre la búsqueda del bien común.
De lo anteriormente expuesto, se concluye, que la democracia, -que es un régimen socio-político caracterizado por una renovación permanente y un perfeccionamiento constante-, es fundamentalmente un gobierno de la ciudadanía, quien a través de sus representantes gubernamentales y de sus organizaciones civiles de vigilancia, ejerce el poder de la sociedad en su conjunto. La labor periodística, tiene, por ello, una función eminentemente democrática.
El trabajo periodístico, cumple, por tanto, una función trascendental y social. La sociedad es su origen, su causa y de ella brota su razón de ser; a ella se debe y tiene su misión que cumplir. El periodismo, no puede, ni debe ser, por ello, el representante de una clase o grupo social, en particular, sino que debe tener siempre presente a la ciudadanía o sociedad en su conjunto, armonizando los distintos intereses y buscando siempre el bien común, anteponiendo una preferencia especial a las personas, los grupos y las clases sociales menos favorecidas, pero sin buscar un igualitarismo radical y absoluto, -como en el caso de los países de régimen totalitario-, entre las distintas personas que integran a la sociedad, porque si bien todos los individuos somos iguales en derechos y obligaciones, todos tenemos también el derecho a la diferencia, en cuanto que somos por esencia biológica y humana seres únicos, y, por tanto, desiguales, al resto de los componentes de la sociedad. El periodismo teniendo su origen y su razón de ser en la sociedad, la que pide que se le informe de lo que acontece, de los distintos problemas que nos aquejan, y, a la vez desea escuchar las distintas opiniones, en un ambiente de pluralidad, para encontrar las soluciones más óptimas. Por ello, esta actividad de información y de opinión tiene un fuerte compromiso social que no puede de manera alguna eludir.
FILÓSOFO DE LA CULTURA Salvador MURILLO LARA.
Un periódico es la publicación escrita que se presenta a una comunidad en períodos determinados de tiempo, mostrando informaciones de interés general o de conocimientos especializados. La periodicidad, de este tipo de informaciones, hace que éstas se clasifiquen en: mensuales, quincenales, semanarios, bisemanarios, interdiarios o diarios.
La invención de la imprenta, en el siglo XV tuvo una importancia fundamental para el futuro del periodismo, ya que dio origen a su organización técnica. La sociedad moderna, en la que vivimos, y el desarrollo de las democracias actuales ha propiciado que esta actividad informativa se profesionalice y se desarrolle de una manera más eficaz.
El periodismo satisface el anhelo de la información y de la comunicación que tienen los distintos grupos sociales que conforman las sociedades humanas. Los periódicos contienen una diversidad de informaciones, debido a que las sociedades humanas, en las que vivimos, son complejas. Los contenidos de éstos se pueden clasificar, por ello, en varias secciones: información local, noticias de carácter nacional e internacional; política local, nacional e internacional, deportes, sociales, sección editorial, policíacas, culturales, etc.
La actividad periodística tiene primordialmente una función social, ya que la sociedad es quien la hace nacer y desarrollarse; responde a la necesidad que ésta tiene de información, de comunicación y de transformación constantes. Las notas o informaciones periodísticas, por ello, deben reunir, entre otras, las características siguientes: objetividad, imparcialidad, veracidad, neutralidad, libertad, opinión, pluralidad ideológica, criticidad, sentido cívico y democrático y compromiso social. Este escrito tiene, entre otras finalidades, hacer una reflexión de estos aspectos primordiales.
1. Compromiso moral: objetividad, imparcialidad, veracidad y neutralidad periodísticas.
El periodista al informar a la sociedad sobre determinados hechos que han acontecido en ésta, tiene la obligación moral, -como resultado de su actividad profesional-, de mostrar esta información con un carácter objetivo; es decir, tiene el compromiso moral, de informar sobre los hechos tal y como han sucedido, con un sentido de imparcialidad, haciendo a un lado toda pretensión egoísta, personal o grupal, de una ideología en particular. La actitud periodística, ante los hechos acontecidos, debe ser de imparcialidad, con la única finalidad de que la sociedad conozca lo que está sucediendo, ya que el periodista se debe a ella.
Este profesionista de la comunicación verbal o escrita, cuando falsea la información, comete faltas graves contra la sociedad a la que le está informando, y contra sí mismo; por lo contrario, cuando informa con objetividad, imparcialidad y veracidad, le está siendo fiel al conglomerado humano que le pide le informe de lo que está sucediendo.
Ser objetivo en la actividad periodística significa considerar los hechos en sí mismos, de una manera desinteresada, desapasionada, impersonal, imparcial, neutral… Lo objetivo es aquello que se da independientemente de las ideologías particulares de cada uno de los sujetos. El periodista, debe tener siempre el valor ético, cívico, social y humano, para comunicar lo que realmente ha sucedido o está sucediendo. Sin embargo, ante esta objetividad, que debe ser una característica esencial de todas las notas periodísticas, está siempre latente la amenaza real o imaginaria de aquéllas personas y/o grupos sociales que ven en peligro sus intereses personales si estos hechos se conocen. Por ello, es obligación del Estado, salvaguardar la integridad física y/o moral de los periodistas, a través de leyes e instituciones que garanticen este tipo de actividad que es, propia de los regímenes democráticos.
Ser objetivo conlleva para el periodista, una actitud y una apreciación moral de imparcialidad, la cual es difícil llevar a cabo por este profesional de la comunicación, esto ante la presión de los intereses particulares de las clases sociales existentes en nuestra comunidad, que en muchas de las ocasiones, se presentan en una lucha antagónica e irreconciliable. Este profesionista, con un sentido ético, debe buscar, ante todo, el bien de la sociedad en su conjunto, con aspiraciones auténticamente democráticas; y por ello, se le presenta como una obligación moral, informar con objetividad lo que está sucediendo. Esta información objetiva, es, por tanto, imparcial, desinteresada, más allá de los intereses ideológicos particulares de las personas, grupos y clases sociales en cuestión. Lo que pretende el periodista presuntamente objetivo, con un compromiso eminentemente social y moral, es informar a la sociedad de lo que está realmente sucediendo, y que sea ésta, quien asuma con un sentido crítico su responsabilidad social para cambiar las cosas en beneficio de la colectividad.
La veracidad de la información periodística, es, ante todo, una obligación profesional y moral de quien realiza la nota, ya que éste tiene que hablar y decir la verdad de los hechos, -lo que es, lo que ha sucedido-. No es válido para el periodista, hablar y decir solamente su verdad, lo que él cree que es, a partir de su ideología o punto de vista particular. El conocimiento de la verdad de lo que ha acontecido o sucedido es un derecho fundamental de los ciudadanos en las sociedades democráticas; el falseamiento y el ocultamiento de lo que ha acontecido, no sólo debe considerarse como una falta grave de tipo social y jurídica, sino ante todo como una fala de tipo moral.
El ser objetivos, imparciales y veraces en el quehacer periodístico implica necesariamente una actitud neutral ajena a los intereses ideológicos y políticos de las distintas clases y grupos sociales que co-existen en la sociedad, buscando prioritariamente el bien común de ésta.
La neutralidad significa, ante todo, buscar el bien común, de la sociedad en su conjunto, sin estar a favor, de los intereses ideológicos, políticos, económicos, o de cualquier otra índole de algún individuo, grupo o clase social en particular.
2. La libertad, la opinión y la pluralidad ideológica.
La libertad es una prerrogativa individual y grupal, que tiene una importancia fundamental o primordial, para la buena armonía de los individuos de una comunidad y para el funcionamiento correcto de cualquier Estado.
La libertad, como status personal, emanado de los derechos naturales y humanos, responde a la dignidad humana, en la que los individuos, -hombres y/o mujeres-, no se encuentran de ninguna forma, prisioneros o bajo coacción, en sus derechos naturales, de ninguna forma socio-cultural: económica, política, jurídica, ideológica, religiosa, racial, de género, etc.
Ella, la libertad humana, se manifiesta en los distintos ámbitos de la convivencia humana: personal, familiar, laboral, social, política, de género,, ideológica, religiosa, de conciencia, etc., y, se hace una realidad concreta, a través de las instituciones que se originan de esta concepción, que la norman y la legitiman, tales como la familia, las instituciones de convivencia, las iglesias, las escuelas, los partidos políticos, los sindicatos, las instituciones de salud, los centros de rehabilitación social, el ejército, los medios masivos de difusión social, las instituciones de producción económica, las instituciones culturales, las instituciones recreativas y deportivas, las instituciones gubernamentales, etc. Estas instituciones reglamentadas bajo una normatividad, se desarrollan en distintos ámbitos espacio-temporales: locales, nacionales, internacionales.
La libertad, es un poder/hacer lo que no está prohibido en una sociedad; es un poder/obrar cada cual, bajo su arbitrio, libre y responsable; es un actuar como queremos o deseamos, siempre y cuando no exista una norma explícita y legal en la sociedad en la que vivimos que nos lo impida, estando circunscritos en un ámbito normativo jurídico y moral, con un sentido eminentemente social.
La libertad individual y/o grupal es la característica fundamental o prioritaria de los regímenes democráticos, en contraposición con los sistemas totalitarios, los que tienen otra concepción sobre el hombre y la sociedad. Estos primeros sistemas, los democráticos, se fundamentan en la creencia y en el respeto irrestricto de los derechos humanos, los que priorizan las libertades individuales.de las personas, sin importar la situación racial, económica, política, social, de género, ideológica, o de cualquier otra índole. Estos sistemas consideran que el respeto absoluto a los derechos humanos de todas las personas, en su libertad y en su dignidad humana es la base esencial de la prosperidad, en todos los sentidos, de las sociedades humanas.
El sistema democrático, sustentado en el respeto irrestricto de la dignidad y de la libertad de las personas, hecho realidad a través de instituciones, de todo tipo, acordes a ella, tiene el supuesto ideológico y filosófico, de que los individuos humanos no deben sujetarse de una manera total, absoluta e incuestionable a las políticas creadas por el Estado; sino que, por el contrario, este organismo político, debe, por su naturaleza, subordinarse, a la ciudadanía que representa, con un respeto irrestricto a los derechos fundamentales de las personas, y, de una manera muy especial, a la libertad y a la dignidad humanas. Y que esta ciudadanía, tiene el poder y el derecho de modificar políticas incorrectas creadas por la institución estatal.
Los sistemas totalitarios, con políticas absolutas e incuestionables, consideran, por el contrario, que el poder del Estado y de sus instituciones, debe responder solamente a los intereses propios y únicos de este régimen, sin importar, de manera alguna, las opiniones particulares, de los individuos que viven en la sociedad, y que las personas deben sujetarse, de manera total, a las políticas emanadas, desde el mismo Estado, que representa supuestamente, los intereses de la mayor parte de la población, de los sectores sociales más marginados, de las clases sociales más desprotegidas, etc..
Las personas, como entes individuales, en los regímenes totalitarios, no tienen absolutamente ninguna importancia ante el poder omnímodo que cumple el Estado con sus distintas agrupaciones políticas. El Estado Totalitario funge como la Verdad Absoluta e Incuestionable de todo el régimen socio-político, y, por ello, los individuos tienen una importancia secundaria o simplemente, no la tienen. La libertad de las personas, que políticamente son esclavos de ese sistema, es el anhelo que todos ellos aspiran o desean para sí mismos.
Estos sistemas se sostienen bajo regímenes de tipo militar encubiertos bajo un ropaje ideológico que representa supuestamente los intereses del “proletariado”, de los “pobres” o de las clases sociales más desprotegidas.
Los regímenes democráticos, con fines solamente individualistas, en aras de una supuesta libertad, pero sin ningún compromiso social, bajo un régimen económico eminentemente capitalista, buscan, ante todo, los intereses de las clases sociales poseedoras de la riqueza económica y de las que controlan el poder jurídico, político, religioso, ideológico y cultural, sólo teniendo como única finalidad intereses capitalistas. Los individuos, y de una manera muy particular, los menos favorecidos, que viven en este tipo de régimen, aún cuando gozan, indudablemente, de una libertad política, ideológica, religiosa y social, se ven constantemente afectados, por los intereses particulares y de lucro, de la clase social hegemónica de esa sociedad. Los individuos, en las sociedades capitalistas, si bien gozan de una supuesta libertad, que en los regímenes totalitarios no se tiene, se encuentran esclavizados, por las fuerzas de los grupos sociales que detentan el control económico, político, ideológico, social y militar.
Una ideología mercantilista y de lucro es la que predomina en este sistema capitalista, de intereses únicamente individualistas, haciendo que las relaciones entre las personas sean frías, inhumanas y meramente objetuales. El capital, el dinero, se convierte en es el poder absoluto e incuestionable, de este régimen económico, político y social, que no acepta ningún tipo de crítica, a partir de una perspectiva social y humana. El poder de la riqueza del capital, el dinero, se transforma en el único dios, adorado idolátricamente por la sociedad, dirigiendo tal veneración, la clase económica más poderosa, quien funge como sacerdocio de este culto.
El derecho a la libertad de expresión es un requisito fundamental del quehacer periodístico; no sólo debe estar garantizado a través de los preceptos constitucionales y de los ordenamientos jurídico-legales que de éstos se desprenden, sino que también deben existir las instituciones que den la garantía y la protección a las personas físicas que ejercen tan noble labor.
Los enemigos de la libertad de expresión están no sólo en los regímenes de los países totalitarios, sino que se muestran también en los países democráticos, esperando que las condiciones les favorezcan para lograr sus fines de autoritarismo, represión, censura, despotismo e intolerancia.
Las personas que apreciamos nuestra libertad, y de una manera muy particular, la libertad de conciencia, debemos estar alertas ante estos ataques a la libertad de expresión, conocer cuáles son las coyunturas que los favorecen, quiénes son nuestros enemigos, cuáles son sus intenciones y cuál es el ropaje ideológico con que se encubren.
Las sociedades modernas que existen en la actualidad están caracterizadas por ser multi-culturales y multi-étnicas, en donde ya no es posible justificar, bajo ninguna forma, la existencia de regímenes políticos monolíticos que coarten el derecho a la libertad de conciencia y a la libertad de expresión que tenemos todos los ciudadanos.
Esta libertad de conciencia y libertad de expresión, en una sociedad plural y diversa debe permitirnos expresar, en un ambiente de respeto y de legalidad, nuestras distintas opiniones.
El respeto total e irrestricto, a la libertad de expresión de las distintas opiniones, en un ambiente de legalidad, posibilita que conozcamos los distintos pareceres o maneras de pensar de las personas que conviven en la sociedad, de los distintos grupos sociales que co-existen, de los distintos partidos o grupos políticos, de las distintas etnias poblacionales, de las distintas culturas que comparten el mismo territorio nacional, de las distintas asociaciones religiosas, de las distintas concepciones periodísticas, etc.
El garantizar la protección a la libertad de expresión de las distintas opiniones nos permite conocer de mejor forma nuestra pluralidad ideológica y esto posibilita una transformación permanente de nuestras instituciones sociales, un perfeccionamiento continuo de conocimiento nuestro régimen democrático y una mejor solución a los problemas que nos aquejan.
3.- Criticidad, sentido cívico y democrático y compromiso social.
El periodismo debe ejercer una función crítico-social del sistema social en que se vive realizando de una manera permanente una revisión de todo aquello que está aconteciendo; por ello, su función no es sólo de informar objetivamente, con veracidad, a la sociedad a la que se debe, sino también de opinar, en base a la pluralidad ideológica, para tener distintas opciones de solución ante los problemas que nos aquejan.
La criticidad periodística, debe tener eminentemente un sentido cívico y democrático, ya que debemos tener un amor y un celo especial, a la Patria que nos ha dado origen e historia, independientemente de la solidaridad internacional que debemos tener con todos los países.
La educación, el fortalecimiento y el desarrollo de las virtudes cívicas, en los individuos son requisitos para la formación de ciudadanos excelentes, con un sentido auténticamente patriótico; por ello, la formación ciudadana es también una tarea fundamental del ejercicio periodístico, que funciona como un cuarto poder en los estados democráticos, que lejos de identificarse con el sistema socio-económico y político predominante hace una crítica social permanente de éste, posibilitando la transformación social, considerando siempre la búsqueda del bien común.
De lo anteriormente expuesto, se concluye, que la democracia, -que es un régimen socio-político caracterizado por una renovación permanente y un perfeccionamiento constante-, es fundamentalmente un gobierno de la ciudadanía, quien a través de sus representantes gubernamentales y de sus organizaciones civiles de vigilancia, ejerce el poder de la sociedad en su conjunto. La labor periodística, tiene, por ello, una función eminentemente democrática.
El trabajo periodístico, cumple, por tanto, una función trascendental y social. La sociedad es su origen, su causa y de ella brota su razón de ser; a ella se debe y tiene su misión que cumplir. El periodismo, no puede, ni debe ser, por ello, el representante de una clase o grupo social, en particular, sino que debe tener siempre presente a la ciudadanía o sociedad en su conjunto, armonizando los distintos intereses y buscando siempre el bien común, anteponiendo una preferencia especial a las personas, los grupos y las clases sociales menos favorecidas, pero sin buscar un igualitarismo radical y absoluto, -como en el caso de los países de régimen totalitario-, entre las distintas personas que integran a la sociedad, porque si bien todos los individuos somos iguales en derechos y obligaciones, todos tenemos también el derecho a la diferencia, en cuanto que somos por esencia biológica y humana seres únicos, y, por tanto, desiguales, al resto de los componentes de la sociedad. El periodismo teniendo su origen y su razón de ser en la sociedad, la que pide que se le informe de lo que acontece, de los distintos problemas que nos aquejan, y, a la vez desea escuchar las distintas opiniones, en un ambiente de pluralidad, para encontrar las soluciones más óptimas. Por ello, esta actividad de información y de opinión tiene un fuerte compromiso social que no puede de manera alguna eludir.
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