miércoles, 12 de marzo de 2008

LOS ANIMALES IDEOLÓGICOS

FIL. DE LA CULTURA Salvador MURILLO LARA.




Los seres humanos -hombres y mujeres- somos fundamentalmente animales ideológicos; nuestra esencia tiene dos componentes que co-existen y se interrelacionan: por un lado, nos encontramos enraizados en el mundo de la naturaleza, y, de una manera muy específica, en el “reino” animal al que pertenecemos; y, por otro, vivimos siempre “jaloneados”, “estirados” por y en el “mundo” de las ideas, en el mundo del “espíritu”, de la “cultura” del que formamos también parte. Nuestra “esencia: animalidad y espiritualidad está intrínsecamente vinculada, interrelacionada, y de ninguna forma, desvinculada o separada: somos espíritus animalizados y/o animales espiritualizados. No somos sólo “animalidad” o “espiritualidad”, sino ambas cosas. Ni el animal humano, -que habita y vive en y con nosotros- debe ser negado ni tampoco nuestro espíritu,-que tiene su génesis, su historia, su época, su individualidad- . Estos dos componentes de nuestra esencia humana co-existen en una unidad recíproca e interrelacionada, aún cuando tienen distintos ámbitos distintos de existencia.
La negación de nuestra animalidad nos ha llevado a acciones de carácter destructivo: aniquilación del mundo natural en el que vivimos –como es el caso del ecocidio que está siempre presente en nuestra sociedad- así como el antagonismo a muerte con el reino animal del que formamos parte, y, lo más grave, la destrucción de nosotros mismos, en cuanto que no podemos eludir nuestra realidad existencial, ya que hemos nacido animales y, moriremos como tales.
La negación de nuestra animalidad es tener la falsa creencia de que somos ángeles o espíritus descarnados; es querer ubicarnos en una “esfera” que no es la nuestra, es creernos superiores a todos los demás animales y seres naturales, es querer tener siempre el dominio o sometimiento de la naturaleza, a toda costa, a pesar de que con esas acciones también nos auto-destruimos, ya que al negar nuestra naturaleza, nos negamos a nosotros mismos.
Esta no aceptación de nuestra condición animal ha implicado una ruptura desarmónica y de enfrentamiento con el orden natural al que pertenecemos; por el contrario, la aceptación de nuestra condición implica la comunión y la armonía con todos los seres humanos, con la naturaleza, y, en particular, con el “reino” animal al que pertenecemos. Este desconocimiento de nosotros mismos y el arraigamiento en nuestras conciencias de ideas falsas nos ha llevado a las consecuencias funestas que he expresado anteriormente.
Sin embargo, es necesario reflexionar también acerca de la especificidad de nuestra animalidad, lo que nos hace diferentes a los demás animales; esto es, la especificidad humana: el ser animales ideológicos; es decir, somos animales que vivimos también en el mundo de las ideas, en el mundo ideológico, que forma parte de nuestra cultura, la que nos crea, nos conforma y nos hace seres de ideas: seres ideológicos. Desde antes de nacer, se crea una realidad ideológica específica, particular, de individualidad humana, de subjetividad, quedando, de esta forma, insertos e interrelacionados, en y con el mundo ideal, con el mundo espiritual, con el mundo de la cultura. Y desde que nacemos, hasta que morimos, y aún después de morir vivimos siempre en ese nicho ideológico, que nos nutre, nos sustenta, y nos hace pensar, creer y vivir en tanto seres humanos.
La ideología, en tanto, conjunto de ideas que caracterizan a una persona, grupo, época, es una realidad, que se encuentra más allá de ser un simple producto humano y social, ya que la ideología nos determina, nutre, alimenta, forma y conforma como seres humanos, como seres ideológicos. Por ella, somos y existimos, por la ideología vivimos y creemos; de ella nacimos en esta cultura y en esta sociedad; por ella pensamos lo que pensamos: ya que nuestro pensamiento no es gratuito. La ideología, -que forma parte de nuestra cultura- se encuentra más allá de nuestras propias individualidades, ella se entrecruza como una red múltiple entre todos nosotros, pero también entre los que nos antecedieron, como entre los que vendrán a posteridad. Por ella, creemos en nuestra vida y en la de los demás, por ella tenemos valores, valores que son nuestros, y que consideramos de alta estima.Los animales ideológicos, que somos nosotros, vivimos nuestra animalidad en dos ámbitos que se entrecruzan: en el ámbito animal-natural y el ámbito ideológico-cultural. Los dos ámbitos nos pertenecen y ninguno de ellos, debemos de negar. La realización plena de nuestras vidas depende de la aceptación plena de nuestra realidad y de la armonía que debemos de tener entre estos dos ámbitos. Sin ideas, sin valores que orienten nuestra existencia no podemos ni vivir ni ser, porque somos seres ideológicos; pero también, nacemos, crecemos, nos reproducimos, y morimos en el ámbito natural-biológico, es decir, somos animales. Y debemos estar atentos de nuestras necesidades como tales.

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