miércoles, 16 de julio de 2008

अल्टो अल पेसिमिस्मो

¡ALTO AL PESIMISMO!

El pesimismo es una enfermedad psico-somática manifestada por una red compleja de comportamientos humanos caracterizados por una actitud primordial de negatividad ante la vida y de una profunda tristeza, por el simple hecho de vivir.
Esta enfermedad que se manifiesta en muchos de los individuos de la especie humana tiene una serie de compleja de orígenes a los cuales obedece: una predisposición genética; una infancia y adolescencia marcada por el dolor, el sufrimiento, la amargura, la insatisfacción; una vida de privaciones y de imposibilidad de lograr determinados fines personales, familiares, profesionales; el estrés y vida de aceleramiento en que viven las sociedades modernas; una alimentación inadecuada sobre todo para el sistema nervioso; una deficiente formación individual, educativa y cultural; un aislamiento marcado de los individuos hacia el sentir de los demás y de la colectividad humana, y, sobre todo, una estructura psicosomática marcada de manera individual en determinados sujetos, con una visión negativa ante la vida.
El hombre y/o mujer pesimista tienen un esquema negativo ante los hechos cotidianos de su vida: todo lo “ven” mal; para ellos nada está bien, todo está mal; todos hacen las cosas equivocadas, erróneas; sólo lo que ellos dicen o hacen está bien, es lo correcto; para ellos el mundo está muy mal, todos están mal…, ¡muy mal! El hombre y/o la mujer pesimista “creen” sólo en ellos, porque sólo ellos son poseedores de la “razón”, todos los demás están engañados. Muchos de ellos son personas son personas amargadas, insatisfechas, rencorosas, autoritarias, caprichudas y llenas de un gran odio.
El hombre y/o la mujer pesimistas no creen en los demás porque su visión del mundo se reduce sólo a “su mundo”, al mundo de ellos; los demás no tienen para ellos ningún valor, sólo son meros instrumentos para poder lograr lo que ellos quisieran…
Ellos, -los pesimistas-, no creen en la vida, la vida que es una manifestación pletórica y libre de manifestaciones de formas nuevas que se manifiestan en un fluir constante, perenne y eterno; la vida que es un triunfo ante la muerte, que danza llena de júbilo en la oscuridad y a mediodía; la vida que es alegría plena, luz perenne, ilusión que no acaba… Los pesimistas llevan en sus corazones el odio que quieren derramar a todos los vivos, porque ellos, están muertos en sus entrañas.
Ellos, los que niegan la vida, no creen en el amor que es espíritu de donación, de entrega, de iluminación, de luz, de plenitud, de solidaridad, de hermandad; ellos no creen en el amor que lleva a la vida eterna: a la vida que no se extingue, que siempre está encendida, que no se apaga, que no se termina; a la vida que ha vencido para siempre a la muerte.
Ellos, que niegan el amor, no creen en el amor absoluto, en el amor pleno, en el amor oblativo, desinteresado, en el amor que se da por darse; ellos no creen en su dios, ni toleran los dioses de los demás; ellos quedan reducidos a las existencias temporales, efímeras de su corta vida: ellos no pueden aceptar que somos temporalidad humana y eternidad divina; estos pares aparentemente antagónicos, para ellos son realidades diferentes, opuestas…
Estos hombres y/o mujeres pesimistas son sujetos, que por circunstancias personales y sociales de vida, han optado por la condenación de la vida, de la existencia, de los demás e incluso de su dios, cargan en sus corazones un fuerte peso, muy difícil de llevar: su odio, que no es más que amor revertido contra sí mismos; su dolor, que es tragedia, sufrimiento, tristeza, insatisfacción; su tristeza, que es ausencia de amor auténtico y de no conocer la vida plena que da alegría; su soledad, que es el no aceptar ni querer que los demás compartan con nosotros este caminar que tenemos todos que recorrer…
Estos hombres y mujeres engreídos, -los pesimistas-, son seres humanos, como nosotros somos, a los cuales no debemos, de ninguna manera, despreciar, en tanto humanos que son como nosotros, por el contrario, debemos sentirnos muy próximos a ellos, a pesar de todo lo que hemos enunciado, ya que, son seres muy carentes de amor verdadero, y, por tanto, de felicidad…
Hombre y/o mujer de este Tierra hermosa, hermano mío y de los demás, ¡pon un alto al pesimismo!, vive la vida con alegría y plenitud, no te rindas nunca ante los obstáculos y problemas: ¡sé tú mismo!, viviendo con autenticidad, entrega tu vida al amor auténtico, y déjale a tu dios todo lo demás….